martes, 19 de marzo de 2013

Reseña: Los días que nos separan, Laia Soler

Asdfghjhgfdsa. Asfghgfdsghdvf, sfghjgda, asdfghjhfd y entonces asdfghjhgfd.

¡Oh, no! ¡Una Iria fangirl apareció! ¡Está usando asdfghgs! ¡Es súper efectivo!

¿Qué? ¿Que ya estamos en directo? Oh, shit! ¿Veis aquello que se va por ahí? Es toda mi credibilidad como reseñadora seria y exhaustiva. Prometo intentar recuperarla a lo largo de la reseña de hoy, pero quizás mi yo fan me domine en algún momento y lo vuelva a echar todo al traste. Porque cuando un libro me emociona como me ha emocionado el que os traigo hoy, mis sentimientos se disparan y no puedo hacer otra cosa que hablar sin parar, gritar y enamorarme un poco más a cada recuerdo de la lectura. ¿Qué de qué libro estoy hablando? Pues, cómo no, de Los días que nos separan, de Laia Soler, la novela ganadora del I Certamen Literario La Caixa/Plataforma. Un premio que, adelantándome a la reseña, es más que merecido. ¿Queréis saber por qué? Pues… ¡Dentro, reseña!

Ficha Técnica
Título: Los días que nos separan
Autor: Laia Soler
Editorial: Plataforma Neo.
ISBN: 978-84-15750-23-9
Páginas: 416
Abril está obsesionada con sus sueños. Desde que se cruzó con ese desconocido en la biblioteca, él se le aparece cada vez que se queda dormida. En su mundo onírico, el chico es Víctor, un burgués de la Barcelona de 1914, y ella... Ella ni siquiera es ella misma, sino Marina, una obrera que vive en el mismo edificio que Víctor.
Mientras la historia de los dos jóvenes del pasado avanza noche tras noche, Abril lucha por mantenerse al margen de las emociones de Marina e intenta descubrir qué significan esos sueños.

Reseña:
No suelo recordar mis sueños y, cuando lo hago, son apenas sombras difusas y recuerdos desdibujados y aleatorios. Pero si algún día me despertase con la cabeza llena de imágenes nítidas de mi sueño, sabiendo cada detalle absurdo del mismo, cada pequeña pincelada, me asustaría. O me maravillaría, no lo sé. En cualquier caso, esto mismo es lo que le pasa a Abril, una chica de nuestro tiempo como cualquier otra, una muchacha que podría sentarse a tu lado en el metro de Barcelona o a la que podrías encontrar en tu biblioteca habitual. No tiene nada de peculiar… excepto extraños sueños que la llevan directamente a 1914. Estos sueños se disparan el mismo día en que se cruza por primera vez con un completo desconocido en su biblioteca: ambos, como por azar, buscan el mismo libro: Peter Pan y Wendy (y aquí mi pequeña yo fangirlista lanza un grito de emoción). Su encuentro podría haber sido cosa de un segundo, un momento sin importancia en el que dos personas quieren encontrar el mismo libro. Uno de esos caprichos del Destino, de esas casualidades del día a día. 

Su encuentro, sin embargo, lo cambia todo.

Para enfrentar debidamente esta reseña y expresar todo lo que quiero expresar, voy a tener que dividirla en dos partes, como ya hice en la reseña de El Rey Trasgo (que resultó ser inmensa y eterna, como parece que será esta). Estas dos partes se corresponden a las dos tramas en las que está dividida la novela, de una manera muy inteligente y que le da una estructura firme y otorga un muy buen juego de sentidos y contrasentidos a la narración: por una parte tenemos el presente de Abril y, por otro, esos sueños traídos del pasado que nos cuentan la historia de Víctor y Marina, dos jóvenes de la Barcelona de 1914.

Presente: sueños con sabor a pasado.
Abril, como ya he dicho por ahí arriba, es una chica perfectamente normal: una  muchacha con sus propios estudios, su propia familia y sus propios amigos. Una vida como la que podríamos tener cualquier y con la que es muy fácil sentirse identificada. Es una joven enérgica (aunque arrastre el sueño de muchas noches inquietas e inquietantes), con fuerza, alegría y buen humor. Le gusta la literatura y en sus pocos ratos libres ir a la biblioteca… y es ahí donde empieza todo: Peter Pan y Wendy será el nexo que la una irremediablemente al muchacho con el que se encuentra gracias a ese libro, Leo. Él parece ser el desencadenante de esos extraños sueños que de pronto la asaltan pero, ¿por qué? ¿Y por qué el joven protagonista de sus sueños se parece a él? ¿Se está obsesionando con una cara bonita? ¿Es eso lo que llaman un flechazo?

“Existe una palabra para definir el momento en que fantasía y realidad se mezclan: locura. Abril prefería seguir cuerda, aunque fuera en la ignorancia”.

Debo decir que quizá esta subtrama quede eclipsada con respecto a la trama principal de la novela, la de los sueños, pero es definitivamente necesaria y personalmente me ha gustado mucho: me ha gustado por Abril y por su entorno natural, real y, sobre todo, lógico. Su vida no es una vida perfecta, como no lo es la de ninguna persona en este mundo, sino que cuenta con todos los ingredientes de una vida normal: ingredientes felices y otros que no lo son tanto, ajustes y desajustes familiares, encuentros y desencuentros con sus amigos… Y amor, lógicamente, aunque este punto lo dejaré a vuestra completa imaginación: ¿qué relación tendrá finalmente con Leo, también llamado el “Chico-Sartén”?

“Odio el mar. ¿No odias el mar? Demasiadas cosas desconocidas ahí abajo y demasiada agua, ¿no te parece?”.

El desarrollo de Abril me parece excelente y realista: es un desarrollo acorde con los acontecimientos, pausado y lógico: se sorprende, se maravilla, se asusta, pasa por todas las fases naturales en una situación tan extraña como en la que se va a encontrar, algo que es más que de agradecer. Sus amigos, Héctor y Mario, una encantadora pareja (me ha encantado el detalle de que, por fin, se rompa un tabú y aparezca una pareja homosexual, aunque sea triste que tenga que remarcarlo precisamente por lo poco que se ve esto en literatura juvenil) también son más que sobresalientes y nos regalan grandes momentos, a tal punto que no puedes imaginarte la historia sin ellos.

“Le había hecho dos promesas a Héctor y estaría mal romper las dos, de modo que iba a cumplir al menos una de ellas”.

La narración está desarrollada en tercera persona del pasado, algo que sin duda ayuda al ritmo de la acción, que resulta mucho más fluido que en la subtrama del pasado. En esta parte disfrutamos de capítulos cortos que nos darán un respiro al torrente de sentimientos que va a despertar la historia de Víctor y Marina: de este modo, la historia es más ágil, más tranquila pero sin dejar al aire las emociones de Abril con todo lo que pasa a su alrededor. Los diálogos con Héctor y Mario son sobresalientes y toda la trama familiar que nuestra protagonista tendrá que sobrellevar resulta muy ligera pero bien explicada. En definitiva, un ritmo rápido que se concentra en la acción, en la búsqueda de respuestas, en la investigación sin olvidar sus debidos momentos de introspección.

“Si iba a caer, sería ella misma la que se lanzara al vacío. No se dejaría vencer por su propia imaginación”.

Pasado: un amor en 1914.
Hemos hablado de los sueños de Abril, pero… ¿qué sueña realmente Abril? O mejor dicho: ¿con quién? Esta trama es sin duda la principal de la novela: los sueños de Abril nos transportan directamente a la Barcelona de 1914, más concretamente a la vida de Marina Segarra, una obrera que tiene que subsistir como puede en una familia grande de pocos ingresos, con un padre obsesionado con el dinero que entra en casa, un hermano mayor revolucionario y una madre de las de catálogo, de las que luchan por seguir adelante aún cuando todo el panorama esté terriblemente negro. Su vida es normal, dentro de su dureza, hasta que los Altarriba llegan al piso principal de la casa, aquel que solo pueden permitirse los más pudientes: una familia de ricos cuyo hijo mayor, Víctor, le resultará desagradable desde el primer cruce de miradas.
Sin embargo, las primeras impresiones no siempre son definitivas.

“—Impertinente.

—Encantada. Yo me llamo Marina.”

Mucho tengo que decir de esta trama, así que en realidad no sé ni por dónde empezar. ¿Por los personajes? Quizá eso sería lo adecuado. Quizá debería empezar por decir que Marina me ha encandilado, enamorado, superado, seducido, encantado… y todos los sinónimos que se os puedan ocurrir. Me ha encantado la fuerza de esta protagonista, la fría serenidad y la mente metódica, la lógica con respecto a su posición, la manera estratégica de ver las cosas no por tener un carácter insensible, sino por tener que actuar de acuerdo a unas necesidades: vivimos en 1914, al fin y al cabo, y no somos pudientes. Las cosas no son fáciles para una familia que trabaja a destajo para alimentar ni más ni menos que seis bocas en casa ni para una chica que, como muchas en aquella época, tuvo que dejar la escuela pronto para dedicarse a buscar salario con el que ayudar a su familia. Marina en este sentido es una heroína, una luchadora, una superviviente, si me apuráis. Es preocupada por su familia y consciente de su estatus. Por eso cuando la contratan para trabajar de niñera de los hijos pequeños de los Altarriba, ella ni siquiera se plantea negarse: por poco que soporte a los ricos, y muy especialmente al pretencioso hijo mayor de la familia del piso principal, el dinero es el dinero y hay que hacer lo que sea por conseguirlo.

“No entienden que cuanto más trabaje, más cobraré, y desde luego nunca me quejaré de eso”.

Víctor Altarriba, precisamente ese muchacho aparentemente insoportable, también me ha gustado. No me ha enamorado y no me siento especialmente encandilada por él, porque todo mi amor se lo ha llevado Marina, pero es un buen personaje, al menos en sentido lógico: actúa conforme a sus convicciones, conforme a lo que ha visto y ha vivido, aunque quizá eso le lleve a no tomar siempre las decisiones más correctas. Y aún así, resulta dulce y cálido incluso a pesar de su máscara de elegante frialdad que suele ponerse. Él pertenece a una familia adinerada, un familia que aparentemente no ha tenido dificultades pero… ¿es oro todo lo que reluce? Vosotros tendréis que descubrirlo.

“Cierro los ojos e imagino que estamos solos, que estamos lejos, que él no es quien es ni yo soy quien soy”.

Volviendo a la familia de Marina, debo decir que si un personaje se ha llevado también todo mi cariño es Cisco, su hermano mayor, ese personaje que parece no existir hasta que reclama atención y te sorprende y enamora pese a su poca aparición. Es un elemento de distensión en medio de un ambiente opresivo, en el que la clase social y el dinero aprietan más que cualquier otra cosa. He echado en falta, sin embargo, más desarrollo o aparición o simple mención de los hermanos pequeños de Marina, que aunque empiezan con buen pie finalmente parecen disolverse y perderse en la historia.

“Marina, ya eres mayor. Es hora de que tomes tus decisiones, de que te comprometas. No puedes limitarte a ver la vida pasar, conformándote con lo establecido. Tú también tienes derecho a elegir”.

Esta trama es sencillamente maravillosa: Laia nos cuenta con gran maestría un romance del siglo pasado pero que cualquiera podría desear para su vida actual. Es una historia que se forja poco a poco, a fuego lento, con encuentros y desencuentros, con alegrías y tristezas, una historia realista y hermosa, mágica, bella. Maravillosa, en definitiva, porque no puedes hacer más que maravillarte con cada página que pasa. Y sufres, y ríes, y vuelves a sufrir y el corazón se te acelera y las lágrimas te corren por la cara cuando te quieres dar cuenta. La historia de Víctor y Marina es emocionante y emotiva: los vemos encontrarse y crecer y enamorarse, poco a poco, lentamente, sin prisas, disfrutando, paladeando la relación y sintiéndola en carne propia. Laia resulta ser una experta manejando sentimientos, tanto en sus personajes como en sus lectores, y como yo ya he dicho muchas veces, no puedo pedirle más a un libro que que me haga sentir. Y con Los días que nos separan no he dejado de hacerlo.

“Víctor, estoy segura de esto. Tengo miedo, pero ninguna duda. Te quiero y seguirá siendo así mientras la luna continúe ahí arriba”.

Algo que también es obligado resaltar en esta parte de la reseña es el contexto social y la ambientación. La autora espolvorea su polvo de hadas sobre nosotros, nos coge de la mano y nos guía directamente a la Barcelona de los años XX: una ciudad y una época perfectamente retratadas y que dejan ver un grandísimo trabajo de documentación. Es como recorrer una ciudad del pasado directamente de la mano de Víctor y Marina, como seguirles a escondidas por calles en las que nunca has estado pero sientes que conoces de toda la vida. He disfrutado como una niña de este pequeño viaje y he lamentado profundamente tener que abandonar esas calles que casi se me antojan provenientes de un mundo aparte.

“Mi lugar está en la última planta, con mi familia. Y el de Víctor, abajo, con la suya.
Eso es algo que nunca debo olvidar”.

La narración en este caso está en primera persona del presente desde el punto de vista de Marina, algo que otorga inmediatez a la novela y un desarrollo de sentimientos mucho mayor. Esto ralentiza un poco el ritmo con respecto a la trama del presente, pero es un cambio de ritmo necesario: nos ayuda a comprender mejor las sensaciones, las exprime al máximo, nos hace sentirnos en la piel de nuestra joven obrera y nos transporta absolutamente. El estilo de Laia Soler ayuda a ello: es fluido y dedicado en cada palabra, cuidado y sencillo pero directo al corazón. Nos hace sentir la magia en nuestra propia piel, en definitiva. Además, el ritmo más pausado se ve apoyado con saltos temporales en los que se nos ahorra días de inactividad o improductivos en el argumento y la trama va directa a la acción, de modo no dejan de pasar cosas en todo momento.

Un homenaje a Peter Pan
Los atrevidos que hayáis llegado a esta parte de la reseña y me conozcáis bien, diréis: “qué extraño que haya pasado por alto las diversas y variadas menciones a Peter Pan que hay en toda la novela”. Pues no, queridos, no lo he hecho: es que pienso dedicarle a esta cuestión un apartado entero para él solito.

“Cada vez que me dices que no me quieres, un hada muere”.

Desde la primera página, Laia Soler presenta un declarado cariño por esta obra que yo también adoro: Peter Pan (o Peter Pan y Wendy, como se llamó a la versión novelizada de la obra de teatro original) estará más que presente en este libro, de modo que los que seáis enamorados de esta historia no podéis dejarlo pasar. La sombra de ese niño que no quería crecer ha debido escaparse de nuevo, traviesa como es, y ha caminado libremente por cada página de esta historia: puedes ver sus pasos en lo evidente, en ese primer nexo de unión que hace que dos desconocidos se choquen por primera vez en una biblioteca, en cada mención al libro o parafraseo de sus más conocidos detalles, pero también en lo que no es tan evidente: una familia que recuerda ligeramente a nuestros queridos Darling, un hermano pequeño llamado Miguel, una nostalgia por la infancia cada vez más presente y la terrible noticia que supone hacerse mayor y a la vez la necesidad de seguir haciendo locuras de niños.

“Definitivamente, nos hemos hecho mayores”.

En definitiva, Laia es el hada que, durante estas páginas, utilizará sus palabras para hacernos volar, sin que lo sepamos, a su propio Nunca Jamás, situado en la Barcelona del siglo pasado.

Para terminar…
En conclusión: una historia de amor con sabor a pasado y latidos en presente. Un viaje a otra época, a otra ciudad, un sueño que querremos recuperar cada vez que cerremos los ojos. Gracias, Laia, y felicidades.

 5/5 Imprescindible.

6 comentarios:

  1. Que ganitas de leerlo *O*
    Un beso

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  2. RESEÑAZA. Jajajaj, me encanta este tipo de críticas-reseñas. Pues realmente esto es lo que es, decir cada una de las cosas que te ha emocionado, comentar cosas más técnicas... Pero grrrrr amiga mía, como se nota que lo has leído con sentimiento, que te ha durado un día menos que a mí, que lo has disfrutado y es que este libro es tú. PETER PAN. Estoy completamente enamorado de Marina, adoro la forma de escribir de Laia y la facilidad de presentar sentimientos en cada frase. Podría dejar un comentario igual de tu reseña de largo, pero como me esperan en Nunca Jamás, solamente diré una palabra: MÁGICO.

    (L)

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  3. No te ha quedado taaaaaan larga mujer de Dios xD. Las has hecho más enormes!

    No me la leo porque no me he leído el libro (y no creo que lo haga por el bien de mis caries, visto lo visto), pero venía a ver la extensión de los daños (?).

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  4. Hola, Iria!!!!! Que bonita reseña. Aunque no me la he leído al completo porque estoy enganchada al libro todavía. Cuando lo termine me paso por aquí otra vez y dejaré un comentario más largo.
    Hasta ahora no había visto tu blog. Te sigo ^-^

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  5. Bueno, como ya sabes, a mí el libro ni fu ni fa. Me lo terminé en porquito tiempo, pero le encontré demasiadas cosas forzadas y la historia de amor no me acabó de convencer. Pero bueno, parece que los que piensan como yo son minoría. Quizás es que tenía demasiadas expectativas y eso me fastidió el libro...

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