jueves, 2 de agosto de 2012

La princesa indignada. Ilustración por Edmund Dulac

(Fairy Godmother por Edmund Dulac)


Mi muy bien amada Hada Madrina,

Me veo en la obligación, tras mucho cavilar, de pedir mi renuncia como tu estimada ahijada. He estado pensando mucho en ello y no quiero que pienses que esta decisión no me pesa tanto como a ti, pero he llegado a la conclusión de que esto es lo mejor que podemos hacer.

De un tiempo a esta parte me he sentido profundamente ignorada por ti. Se supone que tu trabajo es cuidarme y velar por que nada me pase y, en lugar de eso, para empezar, me dejaste más de diez años en manos de mi madrastra y mis hermanastras. Y aún querrás que te lo agradezca, claro: por mucho que repitas que así aprendí a trabajar y a cuidar de mí misma, convirtiéndome en una muchacha humilde y obediente, no lo arreglas. No fuiste tú la que fregó los suelos hasta que le sangraron los nudillos. Y, desde luego, no fue tu nombre del que se olvidaron para ponerte un ridículo apodo que me recordaba lo sucia que estaba. ¡No, a mí ni siquiera me gustaba! Además, esa educación no me sirvió de nada. Una vez me casé con el príncipe, ¿a quién le importaba que supiera barrer mejor que nadie o que tuviera mis propios trucos para quitar las manchas de la ropa? Desde la boda nadie me ha pedido que remiende medias, pero en cambio sí he tenido que inclinarme en reverencia tras reverencia y saber diferenciar el tenedor del pescado del de postre.

Cuando te decidiste a aparecer, las cosas no me fueron mucho mejor que cuando estaba sola. No sé si lo recuerdas, pero convertiste aquella calabaza en carroza y a los ratones en cocheros. A mí, por supuesto, me vestiste de gala y me diste esos zapatitos de cristal. Pero ya que lo hacías, al menos podrías haber tenido en cuenta cuál era mi número, para que no me cayeran mientras bajaba a la carrera las escaleras. Podría haberme tropezado y roto una pierna. Y todo porque tu hechizo se acababa a las doce. Si tan poderosa eres, ¿por qué solamente hasta esa hora? Si se trataba de hacerse la poética bien podrías habértelo ahorrado… Casi me caigo y, para más fastidio, tuve que volver descalza a casa. No fue agradable, te lo puedo asegurar. Las piedrecitas se me clavaban en las plantas de los pies y hacía frío.

Y para colmo está el asunto del príncipe. Nadie me dijo que no podías enamorarte solo con un baile. Ahí está, probablemente, tu mayor negligencia. Quiero decir, no es como si me hubieran dado opción al matrimonio. Me calzó el zapato y en cuanto se dio cuenta que me entraba me arrastró consigo al palacio. ¡Se hubiera llevado a cualquiera sin planteárselo, incluso si no era yo! Es una completa locura. Además, no me basta solamente con que sepa bailar bien, ¿te das cuenta? Esperaba algo más bonito, como eso que pasa en los cuentos. Con corazones acelerados y miradas en las que nos diríamos todo sin necesidad de una palabra. Y tú, en su lugar, me traes un… fraude. No, no era amor. Era poco menos que una obligación, porque todos esperaban que dijera que sí o me hubieran destrozado la vida. Creo que aún no te lo he agradecido lo suficiente.

Pues bien, que sepas que se ha acabado, tanto con él como contigo. Recuperaré mi vida. Y no precisamente siendo criada, como maliciosamente habrás pensado que es lo único que sé hacer. Tengo planes de futuro. Por el momento, he visto una torre muy bonita en un bosque y parece vacía. Me la van a dejar a muy buen precio, porque no tiene puerta, pero tiene una ventana que puedo llenar de flores para que me alegren los días. He vendido los derechos de mi vida a un escritor que dice que hará un bonito cuento de ella (¡para cuentos de hadas estoy yo!) y con lo que me den voy a montar mi propio negocio. Aún no sé qué será, exactamente, pero me gustaría dedicarme a la joyería. Unos enanitos se han interesado por el proyecto y están dispuestos a participar conmigo.

Así pues, esto será lo último que sepas de mí. Estás oficialmente despedida.

Con cariño,

La princesa anteriormente conocida como Cenicienta.

4 comentarios:

  1. Sencillamente genial. Me ha encantado jaja
    Yo le compraría alguna de las joyas, para ayudar al negocio :P

    ¡Un beso!

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  2. Realmente ingenioso y realista. Sacas a la luz todo eso que sufrió la pobre cenicienta y que censuran los cuentos XD
    Besitos de golondrina

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  3. Es genial, me ha encantado ^^
    Sigue así :3

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  4. ¡Genial! Pobre cenicienta... Humor y realidad a la vez, me gusta :D

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