martes, 10 de abril de 2012

Eros (Los mentirosos) - Caricatura de Angel Boligán

(Ladrona, de Angel Boligán) 

Os han mentido.

Parecerá un inicio extraño, quizá demasiado precipitado, quizá sin sentido para algunos y con demasiado para otros. Os parecerá, sin duda, que este es un comienzo radical: ¿cómo puedo saberlo yo, sólo una persona que se esconde tras las líneas que aquí veis? ¡Qué sabré yo de vosotros, de vuestras vidas, de las personas que os rodean! ¡Qué sabré yo de nada, si probablemente no sepa ni quién soy! Y probablemente, si pensáis así, llevéis toda la razón.

Aún así, he decíroslo: os han mentido. Es un hecho que podéis negar, que podéis rebatir y que, sin duda alguna, podéis no creer. De momento. No hablo de una mentira puntual en un momento de vuestra vida ni del propio hecho de la mentira en sí misma. ¿Quién no ha sido engañado alguna vez? ¿Quién no ha engañado alguna vez? No, no voy a entrar en la moral sobre la sinceridad, sobre dónde acaba la fina línea que separa la mentira y la verdad. Simplemente os diré que os han mentido: como a mí, como a todos.

Uno de estos aspectos en los que siempre se nos ha mentido es el amor. Bajad las manos de la cabeza: lo sabéis. Incluso tú, persona radiante de felicidad, incluso la novia que camina serena hacia al altar con su sonrisa imperturbable en los labios. Os han mentido. No vuestras parejas. No hablo de engaños ajenos, no hablo de relaciones extramatrimoniales o camas compartidas. Después de todo, puede que la expresión correcta no sea que os han mentido… sino que nos mentimos.

Así pues, he de empezar de nuevo: nos mentimos.

Nos mentimos y nos han mentido al imaginar al amor como un niño ciego que se esconde tras unos hoyuelos tímidos en sus mejillas. Al imaginar a Eros, ese chiquillo caprichoso, como una bendición. Nos mentimos al pensar que su hechizo puede ser benévolo, que puede ser dulce. ¡Por amor de Dios, cuándo un disparo fue dulce, cuándo no dolió! Nos mentimos cuando creemos que el famoso “para siempre” es una seguridad inquebrantable, que las promesas no se rompen simplemente por el hecho de ser promesas.

Nos mentimos cuando creemos que sólo te hieren una vez. Nos mentimos al pensar que no duele, al pensar que es sencillo: nos mentimos hasta que nos hacen darnos cuenta de que nos mentimos. Hasta que vemos a alguien que coge su corazón entre sus manos y, como un ladrón que asalta una joyería, echa a correr sin mirar atrás. Y huye. Lejos, muy lejos, sin que le importes, sin que nada importe. Miras tu pecho y allí está: la fisura enorme, la herida profunda y aún sangrante. Incluso en ese momento, nos mentimos y, dramáticos, exclamamos: “¡Estoy muerto!”. Pero lo cierto es que respiramos, aún sin corazón.

Aún después de nuestro fingido asesinato nos mentimos.

Nos mentimos cuando decimos “nunca más”, pensando (inocentes) que cuando nos rompen el corazón podemos alzar una muralla tan grande y firme como para que esa flecha maldita (¡niño del demonio, si disparase a su madre, en vez de a otros!) no nos vuelva a golpear.

Somos tan atrevidos, somos tan descarados como para asegurar que nunca vuelve ocurrir. En nuestra pretensión humana, en la que creemos ser dueños de espacio, sentimiento y tiempo, nos recosemos las heridas mientras perjuramos no volver a caer en la misma trampa. Cómo nos mentimos, y qué dulce es la mentira mientras dura…

Ilusos. Locos. No os mintáis más, dejad de engañaros en vano: Eros os mira desde arriba y su sonrisa ladina, de niño travieso, de Peter Pan enjaulado, se burla de vosotros. 

Las flechas, queridos mentirosos, siempre están listas.

5 comentarios:

  1. Todo mentira. Tan cierto como que respiramos. Puto niño.
    ¡Malditos ladrones!

    ResponderEliminar
  2. ¡Palabrostias en mi blog no!
    ;) Gracias por pasarte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si es que me puede la boca. Perdón por lo de "niño" :P

      Eliminar
  3. Nos mentimos y caemos una y otra vez en la misma trampa ¿¿¿¿qué tendrá el amor????

    Como siempre... me ha encantado y en esto... NO MIENTO ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo firmemente que tiene algún tipo de sustancia adictiva ;)

      ¡Gracias, Anuca!

      Eliminar

Se ha producido un error en este gadget.