sábado, 3 de marzo de 2012

Objetivamente. Fotografía por Barb Hernández

(These heels were made for walking, por Barb Hernández)



Objetivamente

Dicen que los zapatos estaban sobre la mesa. Dicen que para entonces atardecía y las sombras que proyectaban se alargaban hasta tocar la noche. Dicen que eran rojos y brillaban, todavía nuevos. Dicen que eran de su número pero que aún así le habían hecho daño: había una mancha escarlata en su interior. Dicen que estaban estratégicamente colocados, como si quisieran decir algo. Por supuesto, no se meten en interpretaciones. Eso sería ir demasiado lejos. Queremos los datos objetivos, las respuestas científicas. Palabras sin sentimientos.

Dicen que se los sacó en cuanto llegó a casa. Que estaba todo planeado. Que los puso allí deliberadamente. Desconectó el teléfono y todos los electrodomésticos antes de encerrarse en el baño. Sospechan que sabía lo que hacía. Y eso, quizá, es lo más aterrador de todo. Pero no pasa nada. Hablamos de datos objetivos, de fríos párrafos en lenguaje que todo el mundo comprende. Palabras sin sentimientos que no pueden hacer daño.

Dicen que llenó la bañera de agua templada. Ni siquiera se desembarazó del vestido. A lo mejor no tenía razones para ello. Se sentó y permaneció allí hasta que se le empezaron a arrugar las yemas de los dedos y la tela se volvió una cadena que la apresaría al fondo. No actuó bajo los efectos de ninguna amenaza externa. De ninguna influencia química que pudiera engañar a sus sentidos. Fue su decisión y eso se ha dejado claro de forma objetiva, para que no haya lugar a dudas. Con palabras sin sentimientos.

Se ahogó. La encontraron con los ojos abiertos, mirando sin ver a un techo blanco. El vestido flotaba a su alrededor. Rojo sangre. Rojo abandono. Los pies descalzos calzaban zapatos de agua. Los de verdad los había dejado atrás. Ya atardecía para cuando entraron. Ya estaba muerta. La sacaron de allí y la secaron. La lloraron e intentaron que quedara lo más bonita posible, como si sólo estuviese dormida. Luego la encerraron en una caja de madera. Más tarde, mucho más tarde, la olvidaron. Hablamos de la historia objetiva. De los hechos simples y duros, fríos como su lápida. De palabras sin sentimientos.

Lo que nadie dice es que tenía el corazón roto. Que los zapatos rojos eran todo lo que le quedaba de él. Que había llenado la bañera con sus propias lágrimas. Que respiró agua para dejar de sufrir. No había sido informada que los médicos no arreglaban las almas deshilachadas. Que los cuentos de hadas son maravillosos sólo en los libros. Que a veces ya no hay ganas de volver a ver la luz del sol. Murió con los ojos abiertos porque pensó que quizá así en otra vida aprendiera a reconocer lo que se esconde tras las personas. Porque si cerraba los párpados los días felices volverían para atormentarla.
Lo que no se dice es que nadie quiere una muñeca rota. Se la llora y se la intenta arreglar, pero finalmente se la encierra en una caja y se la esconde debajo de la cama, entre zapatos de cristal sin pareja y recuerdos condenados a desaparecer.

Más tarde, quizá no tan tarde, se la olvida.

11 comentarios:

  1. Aún sabiendo de antemano el tema has conseguido sorprenderme, como siempre. ¡Eres una genia! :)

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  2. Simplemente lo adoro mucho. Sólo unos zapatos, ver toda una historia atrás... ¡Si es que tengo que quererte mucho, mucho! <3

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  3. Impresionante. Impresionado. El párrafo de cierre es rotundo. Me dejas el pelo de punta y un nudo en la garganta, Selene.
    Merece un Touché.
    ;)

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    Respuestas
    1. Gracias mil por tu comentario. Me alegra que te haya gustado :)

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    2. ¿gustar? El nivel narrativo es deslumbrante. Vais a sacar los colores por ahí a más de uno que cree que escribe. Sobresaliente, Selene. De matricula, lo juro. No seguir este blog es perderse una delicatessen literaria.

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