sábado, 17 de marzo de 2012

Noche. Ilustración por Eviaan Illustration.

(Madamme Night por Eviaan Illustration (Mercedes Palacios))



Noche

—Cuéntame un cuento. Algo que no haya oído nunca. Algo que me haga sonreír. Algo que aparte las pesadillas y traiga dulces sueños a mi cama.

—Para ser un adulto no dejas de pedir. ¿No has pensado que quizá no tenga ganas? O que simplemente no conozca ninguno apropiado. ¿Te lo mereces, de todas formas? Las historias son cosas maravillosas que no se deben regalar a la ligera…

—Para ser una niña pones demasiadas pegas. ¿No te vanaglorias siempre de conocerlo todo? Acuéstate a mi lado y empieza a narrar. Con los ojos abiertos. Los cuentos siempre han de contarse con los ojos abiertos, para saber que no son simplemente producto de nuestra imaginación.

—No sé por dónde empezar, siquiera…

—Por el principio es una buena manera. “Érase una vez” podría valer. Me conformaré, aunque no seas original. Pero espero que haya magia. Y princesas en torres. Y un príncipe azul. Sabes que me encanta que acaben bien, con su “fueron felices para siempre”.

—Érase una vez… la Noche.

—¿Qué clase de noche? ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía? ¿Qué le afligía? En los cuentos siempre hay algo que aflige a alguien. Padres sin hijos o enamorados sin amante.

—Era una Noche callada, hermosa y joven. Estaba en el cielo, por supuesto, pero su manto llegaba a cada rincón del mundo. Era esta Noche. O cualquier otra. No importa, realmente. Y no le afligía nada. Cosía astros a su vestido mientras observaba nuestro mundo. Era feliz. Envolvía estrellas en papel dorado y jugaba a moverlas por el firmamento con un hilo de plata. Si alguien las veía y ella estaba de humor, a veces concedía deseos.

—¿Y la Luna?

—Era una Noche sin Luna.

—¿Y su príncipe?

—Solamente era una Noche. No necesitaba de príncipes o caballeros de brillante armadura. Además, ya te lo he dicho: era feliz.

—¿Hasta cuándo duró su dicha? Las princesas nunca son felices cuando se quedan solas. ¿Y dónde estaba su reino? ¿Quiénes eran sus padres?

—Su dicha duró hasta la salida del Sol. Las Noches no viven mucho tiempo. Y no tenía reino alguno, así que no era una princesa. La engendró el beso que el último rayo de Día le dio al Mar. Cuando el amanecer comenzó a perseguirla ella se convirtió en ola coronada de espuma salada.

—Fue una vida muy corta, entonces.

—Sí, pero cumplió muchos deseos y contó historias a muchos corazones rotos. Les dio buenos sueños. Cosas de enamorados que un adulto como tú no podría entender.

—¿Y ya está? Eso no ha sido un cuento de verdad. Para ser una niña parece que no lo sabes todo. Me hubiera gustado escuchar otra cosa. Algo sobre espadas mágicas. Quizá algún mago o un hada podrían haber echado un maleficio a alguno de los protagonistas.

—Puede que la próxima vez. Ahora duerme. Los adultos buenos ya están en la cama.

—Bueno, lo cierto es que tengo un poco de sueño… Supongo que tu cuento no ha sido tan malo, después de todo. ¿Sabes? Cuando sea mayor creo que quiero ser como tú.

—Lo sé. Yo también, tiempo atrás, quería ser como tú. Se te pasará.

14 comentarios:

  1. ¡¡Magnífico!!
    Selene, cada historia es mejor que la anterior. Estás empezando a poner un listón verdaderamente alto. Esta es pura delicia. El final me encanta. Me quieto el sombrero.

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    1. Muchas gracias, tanto por leer como comentar :) Aunque con comentarios así, ¡voy a acabar por ser una creída!

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  2. me encantaaaaaaaaaaaaa!!!!!!! y la ilustración es preciosa...

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    1. Me encanta que te encante ;) Y sí, la ilustración es un primor, además de inspiradora, por supuesto.

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    1. Y tú un amor por comentar ♥
      ¡Gracias por pasarte, Anna!

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  4. Menuda ilustración más bonita, y la historia mejor aún ^^

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    1. ¡Gracias, Koneko-chan! Aunque tengo que discrepar, la imagen le da mil vueltas a mi texto ;)

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  5. Tanto la ilustración como la historia son preciosas ;)

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  6. Simplemente precioso. Me encanta el final.

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