martes, 13 de marzo de 2012

A contrarreloj. Fotografía: Verónica Bautista. Modelo: Desiree Bressend.

A contrarreloj.

Los pasos rompen la quietud de la noche. El aliento perdido se convierte en vaho en el aire, en fantasmas que susurran al viento. A lo lejos suena el reloj. Tic, tac; tic, tac. Acorde con su carrera desenfrenada, marca una melodía funesta. Tic, tac; tic, tac. Nunca llegará a tiempo. Tiempo. Eso es lo que echa en falta. Lo que no puede conseguir. Lo que se le escapaba como arena entre los dedos. Poco a poco ve marcado su destino. Poco a poco ve marcado su final.

La catedral la recibe con sus formas resaltando amenazantes en la oscuridad. Por un instante teme que no sea su salvación. Ese instante será su ruina. Se le antoja como si las figuras extendiesen sus dedos hacia ella. El miedo la toma, la acuna, la convierte en su hija, en su amante y en su súbdita. Casi puede escuchar las risas de las estatuas sin vida burlándose de ella, salpicando de sonidos escalofriantes todo el silencio. La niebla parece querer trepar por sus pies y acariciar todo su cuerpo. Tomarlo. Hacerlo suyo y hundirla entre sus manos incorpóreas.

A lo lejos, sigue sonando el reloj. Tic, tac; tic, tac.

Sin salida, sin esperanza, retrocede.

Otros pasos. Otro aliento. Más fantasmas en la noche.

La muchacha alza la mirada. Tic, tac; tic, tac. Contiene el aliento. Todos los demonios que quieren salir de sus labios quedan retenidos en su garganta. El grito es apenas un sonido estrangulado. Un segundo se detiene en el tiempo.

Su cuerpo cae. El tiempo se detiene. 

Otros pasos. Otro aliento. Un fantasma menos en la noche.

2 comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.